Los álbumes 'malditos' de Dylan, un recorrido por sus trabajos discográficos más discutidos



Tan aclamado como odiado, la eterna espiral donde se rozan las emociones compartidas y las encontradas. Los extremos se tocan cuando se trata de considerar la trayectoria musical y poética de un artista como Bob Dylan, con una carrera discográfica tan dilatada e intensa como la que el juglar ha venido aportando al mundo del folk y el rock. Unos trabajos, creativos y visionarios, sometidos a una permanente observación por la crítica en púlpitos tan prestigiosos como las revistas y periódicos internacionales, esbozados por plumas de biógrafos y dylanólogos, aquilatados por el termómetro del público y seguidores, quienes no siempre, afortunadamente, han estado del lado de este bardo musical. Dylan, un personaje huidizo, distante, odiador de periodistas; un poeta comprometido, desgarrador, sensual; un compositor versátil con un estilo singular e identificable, prisionero de las ondas del huracán de sus altibajos creativos, tan sorprendentes emocional como espiritualmente mágicos, han marcado su obra creativa de una manera desigual, granjeándose por igual adictos y descontentos. No necesariamente estoy de acuerdo con la crítica que señala aquí y allá las piedras donde ha tropezado el juglar, de ahí que no suscriba las puyas cosechadas en los vinilos Nashville Skyline y Under the red sky. Solo en estos títulos que subo al blog intuyo reside gran parte de esa crítica, lamentablemente pocas veces constructiva y siempre demoledora, pero de donde igualmente podemos extraer joyas que por su rareza alcanzan un valor incalculable.

De Seflfportrait (1970) a Down in the groove (1988) transcurre un periodo de luces y sombras en la trayectoria musical de Dylan. Momentos de gran creatividad se dan la mano con inciertas composiciones. Selfportrait nace viciado después de un periodo esplendoroso e irrepetible. El sosiego que encuentra el músico en su retiro en Woodstock pasa factura a su palmarés discogràfico. El público recibe perplejo este álbum de versiones, porque Selfportrait es un trabajo donde Dylan desata su pasión por la interpretación, a veces melosa, de viejos éxitos del country y blues, una actitud desconcertante para un público ávido de nuevos Blonde on Blonde que nunca volverán, afortunadamente. La senda de las versiones es tan extensa que el material grabado da para varios álbumes. Pero Dylan sabe que Selfportrait ha levantado un muro entre él y el público, aunque el juglar se siente reconfortado en su prurito musical y cambia a medias el registro en New Morning, lo que le devuelve el favor de la crítica y seguidores. Si no fuera por su marcha al sello discográfico Ayslum Record en 1973, no hubiera tenido que soportar el juglar y una gran parte del público la venganza de Columbia que publica el álbum Dylan con restos de aquellas grabaciones. Para entonces, Dylan y The Band están terminando Planet Waves (1973) y el efecto de revancha de la CBS se queda en un brindis al sol. No obstante, el elepé Dylan, también conocido como A Fool such I, contiene algunas joyas como The ballad of Ira Hayes, Big Yellow Taxi (un clásico de Joni Mitchel) y las entrañables Can't help falling to love y A fool such I de Elvis Presley. Un álbum que pasó desapercibido, un álbum que nadie elogia, un álbum desconocido, con su luces y sombras, quizá el tiempo le haga justicia.

Escucha aquí Big Yellow Taxi


A finales de la década de los setenta, marcados por una gran creatividad y conexión con el público, Dylan siembra de nuevo la controversia a nivel mundial con la publicación del directo At Budokan, una recopilación de los conciertos ofrecidos en el viejo teatro de Tokio en 1978. Con desigual aceptación, ya fuese en Extremo Oriente, Estados Unidos y ya en 1979 con su publicación en Europa, At Budokan ruboriza a muchos purista del bardo. La mayor crítica la recibió al ser considerado un álbum de la denominada época Las Vegas, alusiva a los peculiares arreglos de las canciones y su puesta en escena como música de salón. Coristas y una infinidad de músicos formando orquesta siembran la duda en el público, que se siente arponeado por las nuevas lindezas estilísticas del juglar. Sin embargo, Janet Maslin, de la revista Rolling Stone, disculpa al juglar al considerar que "esta última edición en directo de sus viejas canciones tiene el efecto de liberar a Bob Dylan de sus orígenes. Y los orígenes, bien duraderos, bien bonitos, constituyen una terrible carga". En definitiva, un álbum que gusta ardorosamente o dolorosamente chirria.

Y de nuevo camino de mediados y finales de otra década, en este caso de los ochenta, Dylan pone al público en frente y le sentencia algo así como esto es lo que hago y posiblemente mañana también, y se saca de la chistera las grabaciones en estudio Knocked out loaded (1986) —una cara distinta a la que está ofreciendo a sus seguidores sobre los escenarios en la gira con Tom Pety & The Heartbreakers— y Down in the groove (1988), con el que finalmente deja descolocado al personal, crítica incluida. Las canciones de Knocked tienen un fraseo fantástico, buenas composiciones como Under your spell, y los descartes del Empire Burlesque (1985) Driftin' too far from shore y Brownsville Girl, esta última la ópera prima escrita con el dramaturgo Sam Shepard, constituyen quizá los pilares de este álbum al que una mayoría del público —al que parece no agradan las coristas- lo ignoró.

Escucha aquí Under your spell

Menos fortuna alcanzó Down in the groove, el álbum de 1988 nacido en un periodo de desasosiego, en la búsqueda de un rumbo que no llegaba sobre una carretera polvorienta. La canción Silvio destaca sobre el resto, una composición con garra suficiente para escalar los escenarios. Dylan aporta además de su cosecha Had a dream about you, baby, destacable y Death is not the end, superficial pero íntima, y me agrada la versión de Shenandoah. Cogiendo un poco de aquí; otro de allá desempolvamos el vinilo y lo pinchamos de vez en cuando. Tanto la discográfica como Dylan se percataron meses después del escaso apoyo recibido por el público, y entonces fue cómo en 1989 el juglar viajó a Nueva Orleans en compañía del productor Daniel Lanois, músicos escogidos y un estudio de grabación portátil. Aquella carretera por fin encontró su destino.

3 comentarios:

Maximiliano Martín 14 de mayo de 2013, 15:19  

Excelente artículo, me ha gustado mucho.
Yo siempre consideré que el hecho de que la carrera de Dylan esté signada no solo por álbumes excelentes e históricos sino por otros de naturaleza un tanto incierta, es lo que muestra a Bob como un artista completo. A la oída de la música deja en claro cuales son sus virtudes como músico, intérprete y letrista pero también sus falencias. Me agrada también el hecho de que siempre hizo lo que sentía que debía hacer, sin guiarse por el sonido de moda del momento o hacer los famosos "featuring" innecesarios. Él siempre experimentó, probó, armó y desarmó canciones y, sobre todo (y aún en sus discos menos buenos) configuró su leyenda musical.

Fer 8 de junio de 2013, 2:46  

Increible todo lo que has escrito! Sos periodista? Muy buen trabajo !!

Adrian McManus 23 de agosto de 2013, 12:51  

Recuerdo muy bien los comentarios sobre 'Dylan gone Vegas', sin embargo cuando la gira llegó a Europa en junio todo fue elogios, tanto por parte de los fans como de la prensa, y sobre todo la prensa musical de Londres, que se pelearon para sacar suplementos celebrando la vuelta del "Master". Siempre recordaré el momento de los bises en la ultima noche de Earls Court. Pensé que nunca volvería ir a ver a Dylan y quise guardar ese momento en mi 'ojo de la mente' para siempre. Tanto que pasé de ir a Blackbushe, como era un festival, no quise 'contaminarme' con los demás artistas. Buen blog, sir!

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